¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?


Si eres como yo, que no aguanta las cosquillas, ya sabes la agonía que es que te las hagan sin poder escaparte. Al principio hace gracia, pero llega un momento que empieza a molestar e incluso a doler. Y, si has intentado practicar en solitario a controlarlas, te habrás dado cuenta que si te las provocas tú, no sientes absolutamente nada. ¿Qué clase de magia es esta? ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?


Para responder a esta cuestión, debemos analizar antes por qué nuestro cuerpo se revuelve y responde de esa forma cuando alguien nos hace cosquillas. Todo se basa en dos de las obsesiones principales de nuestro cerebro: predecir el futuro y sobrevivir. Cualquier estímulo que venga por sorpresa, se toma como una posible amenaza por el cerebro. Las cosquillas tienen la característica de ser rápidas e impredecibles, por lo que nuestra mente se vuelve loca intentando predecir dónde y cuándo nos llegará la siguiente. Entonces, entra en un estado de nerviosismo que crece exponencialmente, hasta estallar, en la mayoría de los casos con una risa también nerviosa.

Y dada la explicación, ya podemos responder a la pregunta: no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos, porque ya sabemos cuándo y dónde nos las vamos a hacer, por lo que nuestro cerebro no ve ninguna amenaza en ello. Ese es el secreto del misterio.

Como curiosidad adicional, y como ya publicamos en otro momento, la mayoría de los mamíferos pueden sentir cosquillas, de hecho las ratas hasta se ríen. Por otro lado, numerosos experimentos han demostrado que una sesión de cosquillas pueden relajar a una persona, y disminuir su estrés.


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